Empecemos desde lo más básico: la definición de suelo pélvico. A menudo, cuando me preguntan a qué me dedico, y les hablo del suelo pélvico me encuentro con caras de póquer. Y me da mucha pena que mucha gente no sepa aún de qué estoy hablando, y mucho menos localizarlo.

En un mundo ideal, la sociedad en general, y las mujeres en particular, deberían conocer su existencia desde pequeñitas, saber dónde está y cómo funciona. Sabríamos que el suelo pélvico trabaja en conjunto con el diafragma, la musculatura abdominal profunda y los multífidos, que son unos músculos que se extienden desde el sacro hasta la columna cervical. Por desgracia, la realidad es que no se conoce el periné como se merece, y sólo empezamos a investigar sobre él cuando empieza a fallar y aparecen los “problemillas”. La buena noticia es que es tan agradecido, que una vez que le haces caso, la tendencia es a mejorar.

Pues bien, el suelo pélvico, también llamado periné, es, ni más ni menos, el conjunto de músculos y ligamentos que cierran la pelvis por su parte inferior. Se disponen en tres capas o planos: superficial, los más externos, medio, y profundo, en contacto con los órganos.

Al tratarse de músculos, como en cualquier otro lugar de nuestro cuerpo, pierden firmeza y elasticidad, se contracturan, aparecen puntos gatillo y hay que cuidarlos. Para poder tratar al periné como se merece, lo primero de todo es saber dónde está.

Para localizarlo, nos sentaremos en una silla. Los dos huesos sobre los que nos sentamos, a derecha e izquierda, son las tuberosidades isquiáticas o isquiones. Hacia delante, tendremos el hueso del pubis. Hacia atrás, el coxis. Todo el tejido blando que delimitan esos cuatro puntos es el suelo pélvico, que se dispone en lo que llamamos el rombo perineal.

PARA QUÉ SIRVE:

La primera función, es la de sostener a los diferentes órganos (vejiga, útero y recto). Durante años se pensó que su forma era de hamaca, y sobre ella reposaban las vísceras. Se debía a que las prácticas se hacían con cadáveres. ¿Os imagináis una hamaca, toda desvencijada, caída y dada de sí? ni por un momento quiero imaginar que asÍ es mi suelo pélvico. Hoy en día, sabemos que un periné tonificado es como un puente, un puente atirantado firme y flexible, que da soporte a los distintos órganos y sus músculos se insertan en el pubis y el coxis para poder cerrar completamente la parte inferior de la cavidad abdominal.

La segunda, es la continencia de esfínteres. El suelo pélvico se encarga de abrir o cerrar esfínteres para vaciar o retener orina, heces o gases.

La función reproductiva, fundamental para que en el momento del parto se favorezca la salida del bebé.

La función sexual, a la que de nuevo no prestamos ninguna atención hasta que aparecen los problemas.

POR QUÉ ES FUNDAMENTAL TENER UN PERINÉ SANO:

Para preservar sus funciones íntegras. Porque cuando no ejercitamos el suelo pélvico, nos olvidamos de él y nos “dejamos”, aparecen patologías que ni imaginábamos que existían: incontinencia urinaria o fecal, incontinencia de gases, prolapsos, vaginismo, dispaurenia, anorgasmia, dolor pélvico crónico, y un largo etcétera de cosas que , en la mayoría de los casos, se pueden prevenir. Y la diferencia es que este tipo de alteraciones, van asociadas a un componente vergonzoso que nos hace sentir mal, que nos hace ocultarlo a nosotros mismos y a los demás, o incluso considerarlo normal por el hecho de ser mujer o de haber tenido hijos.

No os resignéis. No os conforméis con convivir con según qué cosas. Es necesario aprender a conocer nuestro cuerpo, a poner remedio. Nunca es tarde para casi nada. El suelo pélvico existe, hay que prestarle atención y os recompensará con creces. En las próximas entradas os contaré más cosas para que aprendáis a cuidarlo como se merece.